Las voces de todas "De noche duermen las flores"

07.03.2021

De noche duermen las flores espectáculo teatral que estrenó el pasado 26 de febrero y que sigue en cartelera en el Galpón del Pasaje Molas bajo la dirección de Rita Ortiz y con las actuaciones de Belén Fretes, Pamela Paredes, Mónica Airaldi, Claudia Espínola y Diana Frutos. Como vemos está conformado por un elenco femenino en su totalidad, donde cada una de las actrices narra diversas experiencias de opresión, acoso, desigualdades y discriminaciones vividas -y sufridas- por el simple hecho de ser mujeres

Por Patricia Galeano  

A través de las voces de cada una de ellas, a través de sus historias entremezcladas con un poco de ficción y mucho de la realidad de las actrices como creadoras dramatúrgicas, pero también de la realidad de todas las mujeres; esta puesta nos recuerda de la importancia de visibilizar y seguir reflexionando a través de nuestro quehacer artístico- como mujeres artistas y aunque se diga que el tema y el repertorio canse- de las diferentes problemáticas sociales con la que seguimos luchando cada día dentro de un país inmensamente machista, patriarcal y conservador. Como sociedad nos queda mucho aún que saldar en materias de género y creo fielmente en la función política-social del teatro como un agente de reflexión, análisis y que pone en evidencia la realidad sociocultural de una nación, ya lo dijo en una conferencia sobre teatro el gran Lorca: "El teatro es uno de los más expresivos y útiles instrumentos para la edificación de un país y el barómetro que marca su grandeza o su descenso." La obra es el resultado de un trabajo físico exploratorio de meses y podemos decir que se enmarca entre las líneas del teatro posdramático1 ; en la puesta en escena no se da el desarrollo organizado de una fábula ni vemos personajes completamente definidos: ya que no hay una construcción corporal que represente roles específicos, status, estereotipos o una caracterización particular ayudado por vestuarios y escenografías típicos de la estética realista. Sino que más bien se despegan voces individuales monologadas2 ; las actrices representan una voz, incluso podríamos decir que es la voz de ellas mismas, que se suma a una voz común más grande, a un mundo que las atraviesa y que a lo largo de la obra nos va atravesar a todas y donde sus voces ya no serán solo de ellas sino de todas nosotras. Cada una de las intérpretes se presenta desde su propia corporalidad y componen de manera simbólica y poética su respectiva narración con características físicas particulares visibles pero que remite siempre a un gran monólogo unificador como si cada voz fuera una extensión de este.

En tal sentido la obra suprime la forma dialógica, ya que todos los textos van dirigidos hacia el público interpelándolo; se apropian de la realidad y nos hablan desde la ficción, desde la fragilidad. Las actrices se animan a narrar sus experiencias conflictivas -y las nuestras- a comunicarlas a través de sus propias fisicidades, con gestos, con silencios, con desborde físico, con quietud, con un cuerpo marcado de heridas propias y ajenas; se atragantan de palabras y abren la boca para liberarse, para reconocernos en ellas y mostrarnos que nos duelen las mismas historias. El espectáculo se desarrolla en un espacio no tradicional, el/la espectador/a se encuentra en un primer momento con una peculiar disposición de la silla: unas por fuera del cuadro central y otras en el centro mismo rodeado por dos pasarelas de tierra en ambos laterales, con cables colgados y extendidos desde arriba y un ventanal en el lado frontal del galpón que conforma el espacio de representación donde las actrices desarrollaran su gran ritual teatral abarcándolo todo. Mientras que nosotres expectantes las seguiremos de un lado a otro en la vivencia de esta experiencia que nos hará emocionar, desde las lágrimas hasta las risas ida y vuelta. Las actrices atraviesan en el trascurso de toda la escenificación un abanico de emocionalidades diversas e incluso contrapuestas. Sin duda todas las actrices han logrado un gran trabajo interpretativo, pero no puedo dejar de resaltar el trabajo actoral de Pamela Paredes que desde que entra al espacio de representación nos impacta con un gran despliegue físico, una presencia escénica que hipnotiza y una tremenda potencia dramática que nos deja con la piel de gallina; así también el trabajo de Claudia Espínola con su notorio dominio narrativo y que llega estratégicamente en el tiempo para refrescarnos el alma en medio de tanta impotencia con su excelente manejo de la comicidad. Las actuantes a través de las situaciones monologadas componen una teatralidad autónoma que se constituye como eje central de la obra compuesto de forma experimental y con buen ritmo que es capaz de crear una buena simbiosis entre la situación monólogal3 , el apoyo coral en constante movimiento y el uso del espacio; lugar en el que durante toda la obra hablaran de lo que muchas callan y miraran al público haciéndonos parte del acontecimiento y recordándonos permanentemente que somos todas.